Recuerdo a aquella figura, aquel superdotado que revolucionó el basket-ball en su momento. Aquel jugador que redefinió términos como “Dominante”, “Referente”, “Excelencia”, “Liderazgo” y acuñó conceptos como: “Amor al juego” y “Hambre de triunfo”. Aquel fuera de serie que alcanzó la categoría de mito cuando aún estaba en activo. Aquel cabrón que se rehusaba a toda costa a perder, que a base de huevos hizo de un equipo de eternos perdedores, una dinastía casi invencible en los noventas. Aquel que marcó lo que tocó y que revolucionó su deporte. Su nombre: Michael Jordan . Su legado ha trascendido el tiempo y hasta su propio deporte, y nos ha dejado tangibles e intangibles a su paso. Uno de ellos, el número 23 .
En los deportes profesionales Estadounidenses se tiene la costumbre de retirar el número, a manera de homenaje, de aquellas figuras ejemplares para algún determinado equipo. Entre otras cosas me parece que favorece a evitar el peso extra que supondría cargar con dicho número para un novato o un recién llegado. Recuerdo que me llamaba mucho la atención que por aquellos días no se veían muchos números 23 en los diferentes equipos de la NBA , y me parecía razonable, no creo que nadie se atreviera a ser comparado con “el 23 de los Chicago Bulls ” mientras éste estuviera en activo.
Pero llegaron los tiempos de los “galácticos ” y los “mediáticos “, llegó el tiempo en que para trascender hay que crear expectación más que jugar bien y hay que verse “cool” antes que partirse la madre en la cancha con verdaderos huevos y antes que respetar la premisa de dejarlo todo por el juego y por el equipo. Con este tiempo llegó la sobreexposición de medios y ante la imposibilidad de éstos para crear verdaderas leyendas, ahora el recurso más favorecido es colgarse del legado de quienes realmente lo fueron.
Los tiempos han cambiado, y por desgracia, no del todo para bien, lo que en antaño, era un número reservado para el tercer portero, para un “casi-jugador” para aquel que llevaba el estigma de trabajar para nunca o casi nunca, ver acción, hoy, gracias al “genio” creativo de gente que nada tiene que ver con el deporte, quiere decir: “yo soy el mediático “, “sobre mí DEBEN estar los reflectores” importando madres si más que mediáticos terminan siendo medianos y si dichos reflectores acaban por quemar y hacer palidecer a dicha figurita al grado de derretirla. Ahora casi cualquier equipo tiene su “mediático”, y en consecuencia se pueden ver ahora toda suerte de mequetrefes enfundados en playeras con el número 23 dando vergüenza sobre los terrenos de juego sin siquiera saber qué significan las palabras “responsabilidad”, “honor”o “respeto” y en el peor de los casos sin saber QUÉ fué Michael Jordan .
Hay de todos, desde un David Beckham , a quien en algún tiempo se le reconoció por su trabajo y calidad, y ahora solamente “adorna” las portadas de revista con su manicure y sus rayitos y que más allá de lo que haga o deje de hacer en la cancha de fútbol, se le reconoce por estar acompañado siempre por imbéciles de plástico y cabezas huecas. Me viene a la mente también Marco Materazzi , un pelafustán que se enaltece por ser “de esos” jugadores sucios (al fin y al cabo del montón) y que como justificación al número que porta su jersey dice tener una especial admiración por dicha cifra basado en sabrá dios que teoría pseudo-numerológica y por demás absurda, me pregunto si alguna vez vio jugar a Michael Jordan y si sabe que para destacar nunca utilizó artimañas bajas ni dejó de ser un caballero. Hay incluso por ahí algún especímen en el mismo basket-ball, que aunque no se pueda decir que le falte talento o condiciones, su principal error fué aceptar la imposición de alguno de esos “sabios” para portar un jersey que le terminó por quedarle grande y pesado, se llama LeBron James y llegaron a decir que sería “el sucesor de MJ”.
Así como ellos, pululan por los diferentes deportes estos personajes, habrá quienes tengan en cuenta el legado de el mejor basquetbolista que ha pisado las duelas y el número les provea de una motivación que los impulse a buscar la excelencia y habrá quienes porten el 23 en “honor” a David Beckham , mostrando los supérfluos alcances de sus pretenciones y la cortedad de sus conocimientos. En mi opinión, la NBA debió intentar desde un principio retirar dicho numero de todos los deportes para honrar un legado extraordinario con la magnitud que se merece.
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