Uno para adelante y dos para atrás… Le bajan el castigo a Aquivaldo
Por: Joe Zepho | Aug 06 2009
Íbamos bien me cae. En la fecha uno se podía vislumbrar una luz de esperanza para erradicar ese megacagante vicio del fucho en general y sobre todo del tercermundista con ínfulas — caso mexicano — de tratar de engañar al árbitro y sacarse la responsabilidad de resolver una jugada de cara a la portería al canjearla por un foul que plantea un escenario, en teoría al menos, más favorable para el atacante. Lo de la disciplinaria en el caso “Chaco” fué digno de todos los elogios.
Este iba a ser un post de felicitación por estas disposiciones pero en México siempre hay peros y muy a la usanza del pambol mexa y a la voz de ” amos dándole pa’trás!! ” ahora llega lo de Mosquera. Vergonzoso y además de risa.
Según el argumento de la comisión disciplinaria está bien patear a un cabrón si antes profirió alguna palabra altisonante en tu contra o la de tu familia o en el caso más concreto, si te “insultan” tú puedes conectar un madrazo artero y la pena no es TAN grave. Qué mamada !!!
Propongo que se revise eso porque al rato vamos a necesitar un tabulador para ver si el insulto era más fuerte que, digamos, una bofetada y el que amerita el castigo es el “pelafustán” que insulta. O ¿Qué tal que la bofetada es del tipo “sonora” y se da con el reverso de la mano ? ¿Entonces ya estamos hablando de un empate? ¿Y si son dos bofetadas por un insulto racista? ¿Que tal un gancho al hígado? ¿Está más cabrón eso que una mentada de madre?
Lo que comenzó siendo un castigo admirable y una postura a todas luces encomiable ahora es una verdadera broma. Y lo que pudo acabar por ser una decisión de verdaderos guebos, acaba diluída a la luz de un pretexto tan pendejo como ridículo.
No quiero ni imaginarme si el mismo Aquivaldo fuera jugador de Indios, o de Puebla o de algún otro equipo que no tenga poder en la primera división, pero me inclino por la idea de que la sola apelación incluso le hubiera costado un castigo mayor. Porque en el análisis del video, tratándose de estos equipos, muy probablemente se hubiera hecho notar que además del uno-dos, le pela los dientes al rival o alguna mamada por el estilo y ¡Tómala guebón! ¿Dijimos tres? pues finalmente dejémoslo en cuatro y ahí que muera. Pero se trata del siempe favorecido América y no tenía por qué ser menos que eso en esta ocasión. Qué asco.
En fin, la única verdad de todo esto es que lo que pudo ser un precedente ejemplar termina siendo un digno reflejo de lo que es nuestra liguita de rancherías… una mamada pretenciosa.


















