Hay eventos que lo reconcilian a uno con el deporte por recurrir a sus principios fundamentales. Que desintoxican a quien gusta de ellos de todo lo que tenga que ver con el mercado y los millones que se gastan para “construir” un espectáculo que muchas veces no lo justifica. Afortunadamente el pasado fin de semana tuvo lugar uno de esos eventos: La final de Wimbledon. NO mames !!! Qué partido !!! El pinche torneo más incómodo y un par de cabrones que se sobreponen a toda incomodidad para dar un espectáculo tremendo !!! estuvo pocamadre. Así sin más.
Primero que nada aclaro que para mí, de los torneos grandes en el tenis, Wimbledon me parece el único de hombres, concebido para ser mamón y para ser incómodo; lleno de tradiciones arcáicas y hasta cierto punto obsoletas, que a pesar de añadir sabor no aportan gran cosa al espectáculo en sí. Justamente eso es lo que separa a los grandes de los wannabees.
Es incómodo y mamón porque además de que los jueces que se la tienen que fletar lo que dure el match parados, con su atención puesta en las líneas, bajo el rayo del sol, con la concentración y el estress al máximo, a sabiendas de que un yerro suyo puede costarle una millonada a alguien, hacerlo a él blanco del repudio general y el desprestigio mundial; encima, tienen que estar ataviados con un pinche blazer espantoso que, a juzgar por lo que se ve, no puede ser más cómodo que una playera. Es incómodo y mamón porque así como en los primeros escarceos, los que ocupan un lugar alto en la siembra se miden a los más bajos sobre un césped impecable en partiditos prácticamente de fogueo que normalmente acaban en 3 sets, al final, los partidos decisivos, los que separan a los hombres de los niños, se juegan en una cancha que más bien parece un potrero, lleno de irregularidades por el desgaste y el maltrato. A esto hay que añadirle la lluvia, que aparece prácticamente a diario durante el evento y en ocasiones más de una vez por partido. Por si esto fuera poco, hay que sumar las reglas del torneo, que establecen que para ganar se deben ganar tres de cinco sets desde las primeras rondas y que no hay tiebreak en el último set, o sea que si ninguno de los dos tiene los recursos para despachar a su rival en menos de 4 sets, y de presentarse cierta paridad en el último, esto se decide como en la naturaleza, cuando el más apto sobrevive al otro.
Por todo esto, no es raro ver en las finales al número uno del mundo, contra el número dos, y en el caso de las damas (que aunque juegan a ganar dos de tres sets, el resto de las condiciones aplican por igual) a las hermanas Williams una contra la otra sin importar en qué lugar de la clasificación estén. Sin comentarios.
Así pues, Federer – Nadal, a gueeevo!!! a must see.
Pinche partido de huevos !!! como aficionado al tenis no había manera de no disfrutar la manera de jugar tan contrastante y tan exageradamente efectiva del par de cabrones, tiros sobre las líneas todo el tiempo, remates imposibles, ver a Federer con dos puntos para partido en contra y ver con qué frialdad tiraba un ace como si no costara trabajo y luego jugar otro punto igual de decisivo como si fuera cualquier punto. Ver a Nadal sacarle cantidad de tiros imposibles a Federer para luego rematarlo. Presenciar la remontada de un Federer que regresó de una de las interrupciones por la lluvia decidido a quedarse con el título después de verse superado los primeros dos sets jugar un tenis casi perfecto y a un Nadal que jugó con una fortaleza mental digna de campeón, que a la postre fué decisiva. Pocamadre !!!
Por si fuera poco, después de casi 5 horas efectivas de tenis de alarido, y de todo el día (porque la pinche lluvia nomás no dejó que el partido se jugara sin interrupciones) de estar al pendiente del resultado, cuando ya estaban por decretar que la conclusión del partido se pospondría por falta de luz natural (otra mamada incómoda del torneo) rompe el servicio Nadal, gana el siguiente game con su saque y se corona campeón. Ahueeevooo !!!!, me cae que brinqué mientras lo veía que se dejaba caer para celebrar como ya es típico en él.
Al final, como colofón, una ceremonia de premiación iluminada prácticamente solo con los flashes de las cámaras, detalle que parecía hecho apropósito, no mames !!! pocamadre !!! Fue para mí impactante ver a un Federer en el escenario tan poco familiar de ver la premiación de su contendiente, de recibir una pinche charola jodida en vez de la copa chingona y con cara de “Que pinche es perder me cae” . Fué conmovedor ver a un Nadal emocionado saltando para saludar a su familia rompiendo con el protocolo mamón de los ingleses mientras contenía el llanto, agradecer hasta al pasto y a la lluvia en su discurso, sin saber para donde moverse a recibir su trofeo, casi llorando de emoción al recibirlo y después, abrazarlo de la manera en la que lo hizo, como un bebé a su peluche favorito. Casi lloro me cae.
Las siguientes semanas probablemente se hablará mucho acerca de la sucesión en el tope de la clasificación mundial de tenistas, que si está cerca o aún no es turno de Nadal, que si podría ser el inicio de la era Nadal y el fin de la era Federer, de las posibilidades de que una final entre el 1 y el 2 se repita en el US Open o de si las condiciones del torneo y de la superficie en la que se juega serán más favorables para uno o para el otro, qué se yo. Para mí, es lo menos importante hablar de números fríos o de sueldos, cuando lo que se vió ayer sobre la cancha fué a dos seres humanos de sangre caliente competir como grandes, uno contra otro y brindarse por el juego de la manera en la que lo hicieron. Esos son los momentos en los que el juego, cualquier juego, se disfruta enormemente.